La atracción de la tierra

El Tai Chi es un arte que cuenta con muchas ramificaciones en su temario. Está claro que la suavidad es un punto clave; de hecho, es lo primero que un practicante debe aspirar a conquistar. Son muchos los que practican Tai Chi para relajarse, pero no buscan nada más. ¡Está bien! Eso no es nada malo de por sí… pero es como tener un PC de última generación de gráficos, procesador y sonido… y usarlo solo para jugar al Buscaminas. Se puede hacer, pero hay mucho potencial desperdiciado.

En realidad, el Tai Chi es un conjunto de prácticas que van orientadas a armonizar cuerpo, mente y emociones, de manera que formen un todo coherente, sin estridencias. Según los clásicos, esta armonía lleva a un proceso de despersonalización en el que nos unimos con las leyes de la Naturaleza, y es ahí cuando obtenemos a plena potencia todos los beneficios del Tai Chi: salud física, bienestar mental y emocional, y efectividad marcial. Es un proceso muy largo, lleno de escalones que parecen insalvables. Pero, por fortuna, el Tai Chi propone una serie de herramientas que ayudan al practicante disciplinado a ir avanzando, poquito a poquito, en ese maravilloso camino. Una de esas herramientas, la que nos ocupa el día de hoy, es lo que se llama enraizado o enraizamiento.

Lo que la tierra otorga

La palabra enraizar sugiere la idea de raíces. Es exactamente esa imagen la que usamos en Tai Chi. Se dice en los textos clásicos que el buen practicante de Tai Chi es como el bambú: flexible y fuerte por arriba, pero con unas raíces enormes por debajo (el bambú pasa 6 o 7 años echando raíces, sin crecer hacia el exterior. Cuando ha desarrollado su sistema de raíces… ¡Bum! Crece como disparado hacia el cielo).

bamboo tree forest on a sunny day
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Todas las plantas, desde el más pequeño arbusto hasta el árbol más grande, desarrolla mientras crece un complejo sistema cuya imagen todos tenemos en mente. Esa maraña de tentáculos, a modo de venas y arterias, se clavan en la tierra, y cumplen dos funciones:

Por un lado, las raíces absorben minerales, humedad y nutrientes esenciales que la planta necesita para vivir. A través de unos poros microscópicos, las raíces guían el alimento hacia el interior del árbol, el cual cuenta con otra serie de sistemas encargados de transformarlos según necesita, muy al estilo de nuestro propio proceso digestivo. Lejos de empobrecer el suelo, este proceso lo enriquece, pues las hojas y frutos que caen de los árboles devuelven una buena parte de lo absorbido al suelo. Al servir de refugio a insectos y animales, éstos contribuyen a su vez a que el suelo siga siendo fértil, en un sistema auto sostenido que podría durar eternamente, si no hubiese factores externos que lo amenacen.

Por otro lado, las raíces sostienen a la planta en el suelo. Este hecho no solo sostiene a la propia planta: también la tierra se beneficia de ello. Es bien sabido que en las zonas donde no hay árboles el terreno es más frágil. La acción del viento y la lluvia impacta con plena potencia en la tierra, arrastrándola y destruyendo el terreno. Las raíces de los árboles fijan la tierra, la apelmazan e impiden que sea erosionada con tanta facilidad.

¿Y qué tiene esto que ver con el Tai Chi?

Los antiguos eran grandes observadores de la naturaleza, y se dieron cuenta de muchas cosas que más tarde serían “demostradas” con nuestra ciencia. Los antiguos chinos se inspiraron en las raíces de los árboles para explicar una serie de efectos que la práctica del Tai Chi (y el Chi Kung), si se hace correctamente, puede producir en el ser humano.

Fijación al suelo

Esta es la más famosa, y de la que más se habla. Cuando se emplea el término enraizar en Tai Chi, se hace referencia al hecho de anclar el cuerpo en el suelo. Imaginar esas raíces y relajar el cuerpo son los ingredientes para producir ese hecho, en el que estamos pegados al suelo, y no nos pueden derribar. Nuestros alumnos han experimentado de primera mano este efecto en las prácticas que hacemos en nuestras clases, y han comprobado que cualquier persona puede lograr enraizarse, aunque sea un poco.

En este sentido, el enraizado es una práctica de tipo Yang: no aparece sola, hay que provocarla a base de fuerza de voluntad e intención mental bien dirigida (lo que los chinos llaman energía Yi).

Para la ejecución de cualquier técnica, es necesario tener una buena base. Todas las posiciones de las Formas de Tai Chi dan importancia a lo que hacen los pies. Cualquier practicante con algo de experiencia recordará que una de las cosas más difíciles al principio es cuidar el juego de pies. No es coincidencia que esto sea así. Los pies son la parte de nuestro cuerpo que nos conecta a la tierra, nuestras piernas son las columnas sobre las que se estabiliza nuestro cuerpo entero. Sin una buena base, cualquier posición que adoptemos será débil, quebradiza, y por tanto tendrá poco poder.

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Como sabéis, la parte marcial del Tai Chi Chuan sigue las mismas bases que el Tai Chi para la salud, solo que con un nivel de exigencia mayor; pues bien, las reglas y efectos de enraizar siguen vigentes. Para dar un buen puñetazo no basta con alargar el brazo, es necesario también ser consciente de tener una estructura adecuada. En caso contrario, nuestro golpe no tendrá mucho efecto, y además será muy fácil que perdamos el equilibrio, incluso si el golpe impacta. Un golpe correcto se aplica desde la cadena articular que creamos desde nuestros pies hasta la extremidad con la que golpeemos (puño, codo, rodilla, el pie contrario si damos una patada…), y esa cadena inicia en el suelo.

Por eso, trabajar nuestra base es vital para tener una buena estructura. Incluso si no vamos a practicar la parte marcial, disponer de una estructura corporal adecuada permite que los huesos “encajen” en su posición natural, lo cual reduce las tensiones que los músculos necesitan ejercer para sostener nuestro cuerpo, pueden relajarse. ¿No es ese nuestro primer objetivo al practicar Tai Chi?

Nutrición energética.

Evidentemente no somos árboles, no vamos a absorber nutrientes del suelo como ellos. Pero sí vamos a establecer una relación energética armoniosa con nuestro entorno si empleamos conscientemente el enraizado.

Ya dedicaremos en un futuro un artículo dedicado en profundidad al Chi (o Qi), porque es un tema muy profundo y muy manoseado, lleno de verdades y también de falsos mitos. Por ahora, nos basta saber que el Chi es una fuerza que está presente en todos nosotros, una cualidad más de nuestro organismo, igual que lo es la sangre o la capacidad de respirar.

La naturaleza del Chi es mayormente electromagnética, y como tal, hay una buena parte de ella que se rige por los principios del electromagnetismo. Técnicas como el mesmerismo o la acupuntura se basan en estos principios con resultados comprobados de manera objetiva.

Habiendo establecido entonces que poseemos carga eléctrica en nuestro cuerpo (la ciencia actual lo llama bioelectricidad, podéis ampliar el tema con este término), vamos a indagar un poco en esa dirección. ¿Qué recuerdas acerca de cuando estudiaste electricidad en la asignatura de Física en el colegio o instituto? Seguramente lo primero que te salte a la mente sea que la electricidad tiene un polo positivo y un polo negativo, ¿verdad? Bueno, enhorabuena porque has dado con una de las claves del símbolo que conocemos como Yin Yang (que en realidad se llama Taiji, pero bueno, ya hablaremos de eso en otra ocasión).

Efectivamente, el Chi tiene polaridad, ya que es electricidad. El polo positivo (llamado fase en términos de ingeniería eléctrica) es el que “emite”, es decir, los electrones se alejan de él. El polo negativo, llamado neutro, es el que recibe esos electrones, y así cierra el circuito (de manera muy simplificada). Esto es exactamente lo mismo, cambiando Yin por “neutro” o “negativo”, y Yang por “fase” o “positivo”. ¿Hasta aquí, bien?

Y ahora, ¿cuál es el elemento más “negativo” dentro del gran circuito natural? ¡La tierra! Toda instalación eléctrica moderna debe tener, por norma, una toma de tierra, es decir, un cable de fuga, que en caso de subida de tensión, derive el exceso de voltaje hacia un lugar seguro… que resulta ser la tierra. ¿Empiezas a ver la conexión con el Tai Chi ya?

En la tradición del Tai Chi, se habla de que la Tierra es lo más Yin, y el Cielo es lo más Yang. Así pues, la conexión con la tierra nos aporta… justamente una toma de tierra, en el sentido más literal posible.

En resumen, establecer intencionalmente esa conexión con la tierra nos ayuda a que nuestra estructura energética adquiera la polaridad adecuada para su correcta circulación. Así, el Chi pasa a comportarse como una especie de fluido, una corriente continua que circula libre por nuestro organismo. Como dice el dicho popular, “agua corriente no mata a la gente”: la circulación libre del Chi es sinónimo de salud general.

¿Beneficios de enraizarse? ¡Muchos!

Una pequeña recapitulación de lo dicho: enraizarse bien, con fuerza, tiene muchos beneficios.

Hemos comentado que, en lo físico, enraizarse nos fija al suelo, nos aporta estructura, equilibrio, fuerza… base.

También hemos hablado de la repercusión que las raíces tienen en nuestro campo energético, permitiendo una correcta polarización de la energía y, con ello, mejor salud.

Pero nos falta hablar de los beneficios de enraizarse en el campo emocional y mental.

En lo psicológico, enraizarse bien también nos aporta base. Sería la capacidad de “tocar tierra”, de ver las cosas como realmente son, y no como nos gustaría que fuesen. Al enraizar, nos volvemos más firmes, más decididos, nuestra intención se enfoca mejor, y por todo ello, nos volvemos más valientes. Las circunstancias no cambian, pero mi actitud frente a ellas sí, y eso lo cambia todo.

Y todos estos campos están relacionados.

Es frecuente en nuestras clases que algunas personas nos digan “yo, es que eso del equilibrio, lo llevo mal”. A veces hay lesiones en los pies, rodillas, cadera, espalda… que alteran las capacidades físicas de la persona, y entonces es normal que haya problemas de este estilo.

En ausencia de este tipo de lesiones, podemos asegurar con total certeza que los problemas de equilibrio provienen de lo mental o lo emocional, que este campo afecta a lo energético, y que todo ello repercute en lo físico.

Sin entrar en detalles personales, la mayoría de veces, el poco equilibrio de las personas que físicamente están bien, suele deberse a cosas como que su mente siempre está “volando” entre muchas opciones sin decidirse solo por una, o porque tienen miedo de caer (física y/o metafóricamente), o porque se preocupan tanto de posibles futuros que no están pendientes del momento presente… todos ellos, problemas que provienen de una falta de anclaje, por así decir. Practicar cualquier movimiento de Tai Chi o de Chi Kung, pero con un enfoque especial en la sensación de enraizarse, va a beneficiar muchísimo a este tipo de personas. No será un remedio de resultado inmediato, nada lo es en Tai Chi, pero a medio y largo plazo, con paciencia y disciplina, los efectos serán palpables.

Consejos para enraizar

Todo eso está muy bien, pero a fin de cuentas, ¿cómo se enraiza uno? ¿Cómo se aplica esta técnica dentro de la práctica de Tai Chi?

Para finalizar este artículo, hemos recopilado una serie de consejos o técnicas que nos permitirán enraizar mejor.

Alinear bien la estructura física

En Tai Chi, las alineaciones son necesarias y siempre hay que respetarlas. El Chi Kung a veces se las salta un poco para conseguir ciertos efectos, pero en general, siempre hay que procurar respetar las alineaciones básicas: cadera y hombros alineados, no tener cada hombro a una altura distinta, cabeza erguida, rodillas ligeramente flexionadas, etc. Por la misma razón, el reparto del peso debe hacerse de manera concienzuda y deliberada, al menos mientras no se tenga la soltura necesaria para hacerlo bien con rapidez.

De esta manera el cuerpo se encuentra más cómodo, y será más fácil darse cuenta de si perdemos el equilibrio.

Imaginación al poder

La imaginación juega un papel fundamental en el Tai Chi (tenemos un artículo en este mismo blog que habla de ello en profundidad, puedes consultarlo pinchando aquí).

Para enraizar, a veces puede ser útil la imagen de que nos atraviesa un palo o estaca, desde más arriba de nuestra cabeza, pasando por la columna vertebral, luego la pierna donde tenemos el peso, y que se hunde profundamente en el suelo. La función de esa estaca es clavarnos en el suelo, sostenernos firmemente, de manera que es imposible que me caiga, porque estoy clavado.

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Una estaca clavada en el suelo. Photo by Damir K . on Pexels.com

De la misma manera, podemos imaginar que desde la planta de nuestros pies salen raíces que, igual que las de las plantas, nos mantienen pegados al suelo.

Si esta imagen nos hace dudar de si podremos movernos, podemos sustituirla por rayos, o por la idea de tener dos fuertes imanes que nos agarran al suelo: podemos deslizarlos y moverlos, pero nos impiden separarnos del suelo. Cualquier imagen de este tipo nos puede ayudar a transmitir a nuestro cuerpo las sensaciones que buscamos.

Punto Yongquan

Por último, dentro del trabajo con los puntos principales del sistema energético de nuestro cuerpo, podemos conectarnos con el punto Yongquan, la “fuente burbujeante”. Es el punto 1 del meridiano del Riñón, y nace justamente en el centro de la planta de los pies. Conectarse mentalmente con ese punto nos conecta directamente con la planta del pie, produciendo ya muchos de los efectos que hemos descrito. Es un esfuerzo mental, de sensibilidad y propiocepción, más que de imaginación.

¿A qué esperas para empezar a incorporar el enraizado en tu práctica, en incluso en tu vida diaria? Puedes practicar mientras caminas, mientras estás en la cola del súper, o simplemente conectar mentalmente con esas raíces en cualquier momento. ¡Todo son ventajas, y sin contraindicaciones!

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Muchas gracias por tu atención.

Feliz práctica.


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