Este es uno de los principios más básicos de la práctica del Tai Chi, y sin embargo, es uno de los que resultan más difíciles de aplicar. Las causas de esta dificultad pueden ser muy diversas… vamos a estudiar algunas.
Que la mente y el cuerpo vayan unidos no es difícil per se, lo que ocurre es que estamos muy mal educados en este campo. La vida moderna concibe el cuerpo como lo único real, porque es tangible, y la mente ha sido reducida, en la visión popular y cotidiana, a las facultades racionales que usamos en el día a día para calcular si nos da tiempo de coger tal o cual tren, hacer la lista de la compra, estudiar… Esta forma de ver al ser humano ha provocado que ambos elementos, mente y cuerpo, se sitúen a tal distancia el uno del otro que nos cuesta concebir que puedan unirse, y mucho menos sincronizarse.
Lo mejor en este punto sería preguntarse qué es el cuerpo y qué es la mente. Definir con qué conceptos trabajamos siempre es un buen punto de partida.
Qué entendemos por «cuerpo»
Parece obvio, ¿verdad? Cuando hablamos del cuerpo pensamos enseguida en nuestros brazos y piernas, nuestro torso y cabeza. Hay quien va más allá y recuerda incluir nuestros órganos internos, que cumplen tan importantes funciones para mantener nuestra vida.
El cuerpo físico puede moverse mediante el sistema locomotor, que comprende huesos, músculos y tendones… pero el cuerpo no es una entidad aislada, confinada dentro de sus propios límites. No debemos olvidar que también existe otro sistema, aquel que mueve y está constituido por nuestra energía, llamada Chi en la tradición y la medicina china. Esta energía ya está más que comprobada hoy en día: las máquinas que usan los acupuntores en sus sesiones son capaces de medir un tipo muy particular de voltaje interno, llamado bioelectricidad en el ámbito científico; justo esta bioelectricidad es lo que llamamos Chi.

El Chi, entonces, constituye un sistema propio, que se mueve con sus propios órganos y canales, los cuales están hechos de esta bioelectricidad que es invisible, pero se puede medir. Su movimiento está íntimamente entrelazado con el del cuerpo físico. En la tradición del Tai Chi se dice que «la mente dirige el Chi, y el Chi dirige el cuerpo». Es decir, que el Chi posee la capacidad de mover la materia sólida de nuestro cuerpo, igual que lo hacen los músculos. En realidad estamos hablando de dos tipos de energía: el Chi del cual hablamos, energía sutil, eléctrica, y la fuerza física, muscular y bio-mecánica, llamada Li en la mayoría de escritos sobre el tema. Usar una u otra tiene un resultado parecido pero diferentes efectos: mientras que el Li nos desgasta, nos cansa y puede con el tiempo causarnos fatiga o lesiones en el cuerpo, el Chi nunca se agota, no nos desgasta, y es hasta más eficaz, siempre y cuando sepamos usarlo correctamente, claro está.
Qué entendemos por «mente»
Esta parte ya es más compleja, porque en nuestra cultura actual apenas hablamos de la mente. O mejor dicho, apenas aprovechamos de nuestra mente más que una pequeña parte.
Tendemos a pensar que la mente no abarca más que conceptos como lógica y raciocinio (emitir pensamientos organizados), identidad (quién soy, cómo me llamo, etc.), tal vez memoria, y poco más. Incluso hay teorías que asocian la mente con el cerebro, diciendo que ambas cosas son lo mismo, y que por tanto, la mente está ligada al cuerpo físico y no existe sin él.
En realidad, nuestra mente es capaz de muchas más cosas que solamente esos ejemplos que hemos dado. Si nos acogemos a diferentes culturas de todo el mundo y toda época histórica, veremos que estudiaban al ser humano dividiendo lo que somos en varias partes. Lo que podemos llamar «mente racional» era una de ellas, pero nunca la única. Por citar un ejemplo, en la Grecia clásica hablaban de nous (el alma) y soma (lo físico), y todo lo que quedaba en medio es lo que llamaban psique, abarcando la mente racional, la mente abstracta, lo emocional y lo sentimental. Como vemos, ya los antiguos sospechaban que lo mental y lo físico están relacionados, pero son reinos diferentes…
Imaginación, concentración, atención, memoria, observación… son otros de los poderes que la mente puede ejercer sobre nosotros mismos y sobre el entorno, poderes tan reales e importantes como el pensamiento racional, si no más.
¿Entonces, cómo se relacionan entre sí la mente y el cuerpo?
La conexión entre la mente y el cuerpo se da en justamente en el punto de contacto entre ambos reinos, ya que el cuerpo se ve tremendamente influenciado por las emociones y los pensamientos. Mi manera de pensar y opinar da forma a mi manera de sentir, y ello provoca cómo actúo. ejemplos: una persona vegana puede llegar a sentir verdadero asco frente a un filete de ternera, siempre seremos más amables con una persona a la que apreciamos que con una ala que no conocemos, etc.
Si yo me siento capaz de realizar el movimiento X, mi cuerpo va a responder positivamente. Lo mismo funciona a la inversa. Esta es la razón por la que muchos futbolistas fallan el tiro de penalti que les haría ganar el partido: su estado de nervios frete a una situación presionante les hace dudar de sí mismos y el cuerpo, obediente, se vuelve torpe… por orden inconsciente de la mente. Si no es por eso, no hay otra explicación para que profesionales que entrenan durante horas y horas, y han realizado este tipo de chutes más de mil veces en entrenamientos, no puedan replicar lo mismo en un momento así: solo puede ser debido a la influencia mental.
Así pues, ¿qué deberíamos hacer? ¿Dejar de pensar? ¡No! La mente racional es una herramienta fantástica: nos permite organizar, relacionar conceptos, planificar… la mente nos ha llevado a la Luna, a poder sobrevivir en ambientes inhóspitos. No se trata de ignorarla ni acallarla, sino de darle el trabajo que le corresponde. Hay un pequeño cuento Zen que dice así:
En un palacio vivía un rey. En cierta ocasión, este rey recibió la visita de un hombre que se identificó a sí mismo como un mayordomo.
«Me dispongo a serviros, Majestad -decía el hombre-, con diligencia y eficacia. Soy el mejor mayordomo del mundo, haré todo cuanto me ordenéis rápidamente, no encontraréis jamás un motivo para quejaros de mi trabajo… Eso sí, en el momento en que me encuentre sin tareas que hacer, os mataré.
Y tú… ¿contratarías a este mayordomo?
Este mayordomo representa nuestra mente: en el momento en que no tiene ocupación, vaga de un lugar a otro, y habitualmente va a los temas u ocupaciones menos beneficiosos para nosotros: quejas, fantasías demasiado optimistas o demasiado pesimistas, planes de futuro que más parecen el cuento de la lechera… Es preciso tener una mente ordenada, dominada y enfocada, que nos permita usarla a su máximo potencial para lo que la necesitemos,
Según las enseñanzas tradicionales del Tai Chi, un cuerpo por sí solo no es nada: necesita de la energía, y esta energía no puede ser movida si la intención de la mente no está clara. Por eso el Tai Chi se enseña, al principio, en movimientos lentos. El objetivo es que la mente tenga tiempo de observar cada detalle del movimiento, no únicamente un par de fotogramas clave, como suele hacer. De esta forma, cuando la mente se funde con el cuerpo, se crea un conjunto sumamente armónico que nos vuelve mucho más eficientes y eficaces en el desempeño de cualquier tarea que realicemos.



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