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Los Principios Fundamentales del Tai Chi: Continuidad sin interrupción

Cualquier practicante de Tai Chi ha oído hablar alguna vez de una serie de normas llamadas «los 10 Principios del Tai Chi». Estos principios fueron legados por Yang Chen Fu, uno de los primeros maestros del arte del Tai Chi Chuan (es decir, Tai Chi enfocado al combate), como un resumen de los temas imprescindibles que todo practicante debe observar en todo momento para que su práctica se pueda considerar Tai Chi.

Cabe decir que, aunque los Diez Principios nacen para ser aplicados a la vertiente marcial del Tai Chi, son también de gran utilidad, y por ello de obligado cumplimiento, en el Tai Chi dirigido a la salud y el bienestar.

Los Diez Principios pertenecen al estilo Yang, aunque en principio, salvo algunas excepciones, se podrían aplicar perfectamente a todos los demás estilos de Tai Chi que existen a día de hoy (Chen, Wu, Sun, etc.). En este artículo vamos a explicar algunas sutilezas del Principio nº 9, que habla de respetar una continuidad sin interrupción. Lo vamos a hacer enfocando primero en sus aplicaciones a nivel físico, después a nivel psíquico (mental y emocional), y finalmente sus repercusiones y efectos en la parte energética, es decir, el Chi del practicante.

A nivel físico

En lo físico, este es un Principio bastante sencillo de comprender, pero difícil de aplicar.

Cuando los instructores de Tai Chi enseñamos un movimiento de las Formas a alguien que no lo conoce, la única manera de que esa persona pueda aprenderlo y comprenderlo es segmentándolo en distintos “momentos” o “tiempos”, asignando a cada “tiempo” un movimiento de la mano o del pie. Por ejemplo, al enseñar el movimiento Cepillar la Rodilla, nosotros lo solemos dividir en tres tiempos:

  1. Colocar el peso sobre la pierna derecha, subir la mano derecha a la altura del rostro y poner la mano izquierda delante del Tan Tien inferior (aproximadamente la cintura).
  2. Abrir el pie izquierdo, colocándolo en una diagonal hacia la izquierda y hacia atrás.
  3. Trasladar el peso desde la derecha a la izquierda. Al mismo tiempo, girar la cintura, completar el empuje con la mano derecha y hacer la guardia lateral con la mano izquierda.

Lo normal es que nos detengamos en cada uno de esos “tiempos”, para corregir detalles y comentar sutilezas de cada posición. Esta fase es totalmente imprescindible, pero igual de necesario resulta superarla lo antes posible. En caso contrario, el alumno se acostumbra a realizar los movimientos de manera fragmentada, discontinua… Una buena escuela busca que los movimientos, de acuerdo a la tradición, se realicen sin cortes ni pausas en el ritmo de cada movimiento.

Existe un viejo aforismo que viene a decir algo como:

“No importa si hacemos la Forma de 10 movimientos, la de 24, la de 37 o la de 108; en realidad, todas las Formas constan de un solo movimiento, que se desarrolla de principio a fin”

Este trabajo de continuidad se ve facilitado, y a la vez facilita, la relajación muscular, porque un músculo tenso solo puede hacer movimientos maquinales, como un pistón en un motor, mientras que los tendones y articulaciones tienden al movimiento circular y espiralado sin fin, que es lo que busca el Tai Chi.

La continuidad no solo se refiere a las pausas, sino también al ritmo del movimiento.

Cada estilo de Tai Chi tiene sus normas a este respecto. En el estilo Yang, lo que se busca es un ritmo uniforme, sin acelerar ni frenar en ningún momento, y por supuesto nunca detener el movimiento por completo, ya que ello mataría toda la inercia y el flujo de la Forma. Además, las pausas bruscas tienen el efecto contrario a la relajación deseada, ya que un movimiento muscular necesita de «fuerza» para iniciar, y de más «fuerza» para detenerse. Así, si vemos a un practicante ejecutar movimientos «a tirones», sabemos sin lugar a dudas que no está relajado del todo.

A nivel mental

El Principio de continuidad se refleja de una forma muy curiosa en la mente.

Una vez pasa la fase de aprendizaje de los movimientos de la Forma, es necesario insistir en la aplicación de este Principio porque da como resultado una de las más preciadas cualidades de un buen practicante de Tai Chi: la fluidez.

Los cortes en el movimiento no solo provienen del no saberse los pasos de la Forma. La mente moldea el movimiento del cuerpo de manera asombrosa. Es común observar personas que, aun sabiendo bien el movimiento, no parecen ser capaces de ejecutarlo con la debida suavidad y continuidad, quedando un movimiento “tosco”, cortado, a trompicones. Si el movimiento se ha explicado ya muchas veces y aun así hay parones, cabe la posibilidad de que la persona tenga la mente paralizada por las dudas o el miedo. ¿A qué? No se sabe, habría que pasar al Tai Chi terapéutico para hablar con la persona y averiguarlo, pero estos parones son pruebas palpables de la presencia de neblina mental o de falta de confianza.

Una correcta fluidez es fruto de, y a la vez ocasiona, un estado mental de flujo. Nuestra mente se vuelve flexible, adaptable a nuevas ideas, y en lugar de encontrar callejones sin salida donde se queda atascada, es capaz de descubrir senderos, rastros de ideas, cambios, comparaciones y metáforas, de manera mucho más sencilla. Se podría decir que la fluidez es el germen de la creatividad, en este sentido.

A nivel energético

El Principio de continuidad se aplica en lo energético de una manera muy clara, recogida en el refranero popular español con contundencia: agua corriente no mata a la gente.

Ampliando el concepto, el Chi necesita movimiento continuo, es parte de su naturaleza. Cortar el flujo de la energía no es recomendable en circunstancias normales (amén de algunos movimientos que flexionan mucho alguna articulación para “acumular” energía para luego soltarla de golpe, pero eso es otra historia). Retomando los aspectos anteriores de este Principio, una persona que no se mueve con fluidez y continuidad está cortando continuamente el flujo del movimiento, y con él, el de la energía.

Ciertas enfermedades se producen justamente por un estancamiento de la energía en un punto concreto del cuerpo (la acupuntura tiene muy claro este concepto). Asegurarse de que la energía fluye por todo el cuerpo mediante la suavidad total y global no solo es muy saludable, sino que además prepara para estadios más avanzados de la práctica del Tai Chi.

En resumen

La imagen tradicional del Tai Chi que solemos ver en vídeos, exhibiciones y demás suele provocar adjetivos como «suave» y «fluido», «bonito», «transmite paz»… Todos estos epítetos no son gratuitos: nacen de un gran esfuerzo por parte del practicante por dejar de lado la fuerza muscular, adoptando un patrón de movimiento más sutil, más adecuado al movimiento natural de la Naturaleza. Ese patrón requiere ensayo, práctica, constancia… El Principio de la continuidad sin interrupción nos ayuda a acercarnos a ello de manera más natural.

Siempre recordemos que cualquier práctica de Tai Chi exige consciencia, es decir, conexión de la mente con el cuerpo, actitud activa de escucha y comprensión del movimiento en su aspecto más profundo, más oculto. Esta atención consciente es la que propicia un estado mental muy cercano a la meditación. ¡En realidad, la continuidad, la fluidez, serían el RESULTADO de ese estado mental! Pero mientras logramos llegar a él, buscar la continuidad puede ser un buen medidor de cómo va nuestro progreso en esta apasionante práctica que es el Tai Chi.


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