LA RELACIÓN ENTRE LA SALUD Y LA ARMONIA

En la filosofía que impregna las enseñanzas de Taichi y del Chi Kung, se habla de la gran importancia que tiene para nuestra salud mantener la armonía entre nuestro sistema físico, que está constituido por nuestra mente, nuestras emociones y nuestro cuerpo físico.

Por ello, nos dicen que la Salud puede ser descrita como “la felicidad del cuerpo” y la felicidad como “la salud de la mente”. Además, se puede imaginar que la salud corporal ayuda a que nuestra mente sea feliz y que así, esa felicidad sea promotora de la salud.

Por lo tanto, podemos ver como los estados que describimos como de salud y felicidad, tienen mucho que ver con que ambos estados confluyan con armonía en nuestro cuerpo.

De hecho, esta reflexión, siempre se ha extrapolado a la sociedad, pues de alguna forma, la sociedad es el cuerpo en el que convive la humanidad.

Por ello, los grandes Sabios nos dicen que ni un hombre ni una comunidad entera podrán ser felices si se complacen en la injusticia, pues ésta trae consigo la miseria y con la miseria, nos vienen los problemas sociales, laborales, etc.

Este es uno de los factores principales que explican por qué casi todas las personas viven con un cierto grado de estrés. La sociedad actual, nos trae problemas de todo tipo ( económicos, personales, familiares, laborales, etc) así las cosas, es difícil mantener la armonía emocional principalmente.

Por este motivo, se nos recomienda que para disfrutar de una buena salud, intentemos vivir con armonía, para lo que es necesario recordar uno de los principios fundamentales del taichi, que tiene que ver con mantenernos lo más relajados posible. Esto se empieza por trabajar a través de la cintura, que debemos de intentar mantener lo más vacía posible. Es decir, lo más relajada que podamos durante el máximo tiempo posible. No hacer fuerza excesiva y buscar colocar la pelvis en la posición que más relajados nos encontremos nos ayudará a conseguirlo.

Este sería uno de los principios más importantes, ya que estamos hablando de un lugar donde se conectan muchas células nerviosas y la zona más sensible del cuerpo.

En el aspecto puramente físico, el cuerpo humano tiene como centro geográfico la parte que va del ombligo a los genitales, como Leonardo da Vinci ya mostró en su famoso dibujo del Hombre de Vitrubio:

En este lugar se concentran muchas articulaciones, músculos y tendones. Por un lado, los músculos del abdomen, los psoas, los dorsales… convergen en este punto. Esto hace de esta zona un lugar de congregación de tejido muscular y tendinoso muy importante. Cualquier lesión en estos grandes grupos musculares va a derivar en un resentimiento inmediato de la movilidad general del cuerpo.

Por el otro, las dos piernas tienen su enganche con el resto del cuerpo aquí. Esto produce una dependencia directa: el equilibrio se logra a través de los pies, pero debe ser repartido por la cintura y las caderas hacia arriba, para que el cuerpo no caiga.

En este sentido es notoria la combinación tan maravillosamente complementaria de este Principio con los anteriores: los pies aportan equilibrio, la cintura lo reparte, la espalda erguida lo asienta, y la cabeza ligera y elevada lo afianza, completando el sistema.

A nivel de huesos, la cintura es el lugar de la pelvis, y del final de la columna vertebral, las cinco últimas vértebras soldadas llamadas coxis. Tanto la pelvis como el coxis están ligeramente articulados, por lo que permiten una movilidad limitada, pero muy efectiva, de toda la zona pélvica. No se necesitan de hecho grandes movimientos para mantener el equilibrio, son más bien pequeños ajustes.

Vemos también que la cintura constituye el centro de masas o centro de gravedad del cuerpo, esto es, el lugar donde todas las fuerzas que actúan sobre nuestro cuerpo se unifican (y por lo tanto se anulan entre sí), especialmente la gravedad. Es esta zona la responsable de que no caigamos al suelo, y la que informa al cuerpo de qué posición exacta deben aportar los pies para conseguir estabilidad. Podemos ver, por ejemplo, que en deportes como el sumo, los luchadores bajan todo lo posible su centro de masas para que esté más próximo al suelo, y ser por tanto mucho más difíciles de derribar.

Con todo este entramado de huesos, músculos y tendones en esta zona, y el añadido del importante centro de masas, vemos por qué es importante relajarla en el nivel más físico.

Si la cintura (y las caderas por extensión) no está relajada, los pequeños movimientos de ajuste que el cuerpo necesita realizar para mantener un equilibrio correcto y para permitir una correcta movilidad del tren inferior, no son posibles. Ello nos lleva a movernos “como Robocop”, o como un muñeco, es decir, con una rigidez enorme.

Este debería ser, de hecho, el primer paso que demos en el aprendizaje del Tai chi: darnos cuenta de en qué situación está nuestra cintura, y empezar a relajarla.

Una vez relajada la cintura, se consigue un tipo de movilidad muy especial que es de otro modo imposible, que consiste en la unión total entre la parte superior e inferior del cuerpo al movernos. También se consigue una notable mejora en el equilibrio, ya que la cintura puede ejercer su función reguladora sin impedimentos.

De esta forma, conseguir mantener la cintura vacía, libre de dolor, es uno de los objetivos que tiene la practica del Taichi para la Salud que practicamos en nuestra escuela.


Mantente al día de todas las novedades

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

¡Gracias por leernos!

Comparte esto:


Publicado

en

por

Etiquetas:

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *